martes, 13 de febrero de 2007
El Cumplimiento de la Profecía Personal

En 1ª Corintios 13:9 leemos: «Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos».
En Deuteronomio 29:29 dice: «Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley».
Estos versículos nos hacen notar que lo que Dios revela al hombre, tiene el objetivo de que podamos cumplir cabalmente su voluntad, andando en fe y obediencia a Su palabra. Esto incluye el Logos de Dios, o sea todo su consejo; como así también el Rhema de Dios, es decir, una Palabra específica, o una profecía personal.
Dios, en su infinito conocimiento posee los detalles paso a paso de nuestra vida. La profecía personal sólo nos dejará conocer aquello que sea necesario para que andemos en su perfecta voluntad, encaminados hacia su cumplimiento. Esto se asemeja a que Dios tuviera en sus manos el libro de nuestra vida, y a través de la profecía sólo nos dejara leer algunas páginas; es por ello que la Escritura dice: «...En parte conocemos, y en parte profetizamos».
Las diferentes profecías que recibamos en el transcurso de nuestra vida, nos darán algo más del conocimiento que nos sea necesario para el buen desarrollo del plan de Dios. Esto nos permite ver que Dios siempre nos habla en forma «progresiva» y «parcial». Nuestra obediencia y fe a la Palabra Rhema recibida, hará que la misma se cumpla o no; por lo tanto, es «condicional».




En Parte...

Sabiendo que la profecía es «en parte», debemos cuidarnos de creer que el silencio de Dios en algún punto particular de nuestra vida signifique «aprobación». El esconder ataduras, desobediencia, o pecado, aunque no sean mencionados en las profecías, no presupone que Dios aprueba nuestro pecado.
Hay un ejemplo contundente de lo que venimos expresando, y es Moisés. Este patriarca recibió de Dios palabras personales acerca de su llamado de liderar a Israel para sacarlos de Egipto, e introducirlos en Canaán. Cuando Moisés realiza su viaje de regreso a Egipto con el fin de iniciar su misión, leemos que: «...Jehová le salió al encuentro, y quiso matarlo» (Éxodo 4:24-26).
Si Dios le había llamado, equipado, y él estaba obedeciendo al llamado, ¿por qué motivo Jehová deseaba matarlo? El motivo era la desobediencia en un punto específico, falló en no circuncidar a su hijo de acuerdo al Pacto de Dios con Abraham. Al invalidar el Pacto, el incircunciso quedaba excluido del pueblo de Dios (Génesis 17:14). Al ser el hijo de Moisés un bebé, era inocente de invalidar el Pacto, por lo tanto, el juicio de Dios venía sobre su padre, Moisés.
Al leer la extensa Palabra de Dios a Moisés en Exodo 4, el Señor no le hace a Moisés ninguna mención acerca de este pecado. Este relato pone de manifiesto que: el silencio de Dios respecto al pecado no significaba aprobación.
Muchos cristianos en diferentes ministerios caen en el error de pensar que debido a que Dios en su profecía no habló acerca del área de pecado, o porque su ministerio se desarrolla exitosamente, eso significa que Dios les está aprobando. No comprenden que Dios en su misericordia obra con paciencia, para su arrepentimiento. No podemos olvidar lo que Jesús enseña: «Porque nada hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni escondido que no haya de ser conocido, y de salir a luz» (Lucas 8:17).




Progresiva...

La vida de Abraham es un muy buen ejemplo de la realidad progresiva de la Palabra de Dios, sea ésta venida como un Rhema a nuestro espíritu por el Espíritu Santo, o que el Señor utilice a alguna persona para darnos una Palabra profética.
Dios le da su primer palabra, cercano ya a los cincuenta años: «...Y llegaron a Harán».
La segunda, ocurrió aproximadamente a sus setenta y cinco años; la misma fue más explícita, hacía referencia a que dejara Harán y siguiera moviéndose, Dios agregó: «Y haré de ti una nación grande...» (Génesis 12:1-5).
La tercera, se encuentra en Génesis 12:7 «Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra...»
Una cuarta palabra le hace saber que la nación sería muy numerosa: «Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada» (v.16).
En esta misma oportunidad, le hace saber que deberá recorrer la tierra a lo largo y a lo ancho (Génesis 13:14-17).
La quinta, cuando Abram tendría unos ochenta y tres años. Dios le mostró su propósito y plan en forma más clara. Le hizo conocer que Eliezer su siervo, no sería su heredero, sino que le prometió que su descendencia sería multiplicada como las estrellas; le habló acerca de Israel y su exilio, como así también que un hijo suyo le heredaría (Génesis 15:1-21).
La sexta, cuando tenía noventa y nueve años (Génesis 17:1-21). Dios le indicó nuevos requisitos: «...Sé perfecto» (v.1). Cambio de nombre: «Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham...» (v.5). De ser padre de una gran nación a muchas naciones: «...Y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti» (v.6). Un nuevo pacto: «...Será circuncidado todo varón de entre vosotros» (v.10). Por primera vez Dios le dice que Sara le dará hijo, que será madre de naciones: «...Y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones;...» (v.16).
La séptima palabra se encuentra en Génesis 18. Dios le habla de Isaac, y su plan para Sodoma y Gomorra. A los cien años (Génesis 21), nace Isaac. Dios vuelve a hablar con Abraham, para que echara a Agar y a Ismael (vs.12-13).
Por último, cuando tenía ciento veinticinco años. En Génesis 22:1-14, Dios le ordenó que sacrificara a Isaac. Dios transformó su «Profecía personal condicional», a un «Juramento incondicional»: «...Por MÍ MISMO HE JURADO, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto,...» (Génesis 22:16).
Abraham atravesó todas las pruebas de fe y obediencia, y por primera vez en su vida a causa de su caminar en perfección en pos del Señor, recibe como bendición que la palabra condicional, le sea transformada en un juramento incondicional.
La obediencia de Abraham durante toda su vida, fue la prueba más grande con relación a su fe en lo que Dios le había prometido.
Abraham es un gran ejemplo para tener cuenta, pues su vida demuestra como las profecías personales a través de los años, son usadas por Dios para revelar su plan hacia una persona.




Profecía Condicional e Incondicional

La profecía incondicional está relacionada con los decretos divinos irrevocables.
Este tipo de decretos se cumplirán irremisiblemente; nada puede interferir, ni en el cielo, ni en la tierra, para que el propósito universal de Dios sobre la raza humana se lleve a cabo. No depende de la respuesta del ser humano, sino del poder de Dios. En este tipo de decretos se encuentran: El Arrebatamiento, La Venida de Cristo, los tiempos del fin, el anticristo, los enemigos de Cristo bajo sus pies, etc.
Hay profecías incondicionales que no se cumplen en la persona, la nación o la generación a la cual se le profetizó originalmente. En el jardín del Edén, Dios dijo que de la simiente de la mujer se levantaría quien iba a herir la cabeza de la serpiente, pero esto no ocurrió por medio de Eva, sino muchos años después a través de la virgen María.
Cuando una nación en forma individual o colectiva se arrepiente, puede posponer el que se cumpla sobre sí una profecía, pero no puede cancelarla.
Jonás es un claro ejemplo de ello. Profetizó la destrucción de Nínive en cuarenta días, pero toda la ciudad, a una, se arrepintió. El efecto que produjo este arrepentimiento por la misericordia de Dios, fue que el Señor pospuso la destrucción de Nínive. Más adelante, encontramos que Nínive volvió a su maldad, y Dios reactivó la profecía de Jonás por medio del Profeta Nahúm, quien profetizó el juicio que ocurrió «cien años» más tarde. Dios en su misericordia, puede posponer el tiempo del cumplimiento de una «profecía incondicional» de acuerdo a la actitud del corazón humano; pero es necesario conocer que esas profecías, no pueden ser canceladas bajo ninguna circunstancia.
Al referirnos a las «profecías condicionales», estamos hablando de las declaraciones de Dios a individuos, que pueden ser: Canceladas, alteradas, o disminuidas. Ej: 2º R 13:14-19, Joás no recibió lo profetizado por su mala actitud. Mateo 19:27-28, Jesús profetiza 12 tronos, pero Judas perdió el suyo a causa de su traición. En este caso la actitud de quien recibe la profecía, su fe, obediencia, comportamiento, cooperación, serán la causa del cumplimiento o no, de la profecía personal.
Todas las profecías personales son condicionales, aunque no se expresen en ellas condiciones explícitas.
El pueblo de Israel es un gran ejemplo de esta verdad; de toda una generación, sólo entraron a la tierra Josué y Caleb, ellos fueron los únicos que poseyeron un espíritu diferente.
Cuando Dios entrega una palabra profética, ___evalúa al hombre con una expresión clave: «POR CUANTO». «...POR CUANTO no me rehusaste tu hijo, tu único...» (Génesis 22:12). «...POR CUANTO has hecho esto...» (v.16). Por su fe y obediencia Abraham recibió una profecía incondicional; realizó acciones que demostraron su fe en hechos y verdad. En cambio el rey Saúl, falló en escuchar y obedecer a Dios, y, por tal motivo, fue quitado de su reino. «...Locamente has hecho; NO GUARDASTE el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera CONFIRMADO TU REINO SOBRE ISRAEL PARA SIEMPRE. Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, POR CUANTO TÚ NO HAS GUARDADO lo que Jehová te mando» (1º Samuel 13:13-14). La profecía para Saúl fue anulada por Dios a causa de su desobediencia.
Lo antes mencionado nos muestra con absoluta claridad, que las profecías personales requieren fe en su cumplimiento, lo que significa camino de obediencia para poder ser recibidas.
La única base para esperar el cumplimiento de lo que se nos ha profetizado, es andar en los pasos correctos para con el Señor. Es nuestra responsabilidad responder adecuadamente a la palabra profética personal.
Después de haber considerado varios temas muy importantes con relación al funcionamiento del ministerio profético, como así también del correcto desenvolvimiento de la profecía, es necesario relacionar el ministerio de Juan el Bautista con el oficio del Profeta el día de hoy.
Así como el Profeta Juan preparó el camino del Señor en su primera venida como el Hijo del hombre, ahora la compañía de Profetas de la actualidad, tienen la responsabilidad de preparar el camino del Señor, en su gloriosa Segunda Venida, ya sin relación con el pecado.
Siendo que la tarea de los Profetas es tan trascendente el día de hoy para la Iglesia y el mundo, mostraré sus funciones y la impostergable responsabilidad que ellos poseen ante Dios.

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