domingo, 18 de febrero de 2007
¿Cómo deben actuar los Profetas en la Iglesia local?


La presencia de profetas en la iglesia local, no implica que ellos puedan hacer lo que quieran y como lo quieran. La Palabra establece un orden en la ministración de los profetas dentro de la iglesia local, de acuerdo a 1ª Corintios 14:29-33a:
* v. 29: Deben hablar dos o tres profetas y los demás juzgar. Los profetas que están escuchando a aquellos que están profetizando, tienen la capacidad de juzgar en el espíritu las profecías.

* v. 30: Cuando la revelación está fluyendo, todos los profetas pueden recibirla y entonces deben hablar lo que el Espíritu Santo les está dando.

* v. 31: Deben profetizar “uno por uno”, así todos aprenden y todos son exhortados (no solamente los profetas, sino todos los creyentes).

* v. 32: No es verdad que un profeta no puede contenerse o detenerse; el espíritu siempre está sujeto al profeta. Él puede esperar, hablar o detenerse en el momento que sea necesario. De no hacerlo así, entonces se genera el desorden.

* v. 33a: Este comportamiento por parte de los profetas, muestra al Dios de paz que tenemos y no de confusión.



¿Cómo reconocer a los falsos Profetas?


Este tema es muy discutido dentro del cuerpo de Cristo, porque la mayoría de las veces se utilizan parámetros equivocados para juzgar si los profetas son verdaderos o falsos. Por ese mismo error, hay muchos creyentes confundidos que aún ni quieren hablar de los profetas. Sin embargo, la Biblia da una enseñanza precisa y contundente con respecto a los falsos profetas. Comenzaremos con la enseñanza de Jesús, quien habló de ellos y de cómo reconocerlos.
En el pasaje de Mateo 7:15-20, se pueden ver en primer lugar ciertas características de los falsos profetas, como ser:
* Se visten de ovejas, esto es, tienen una apariencia externa de piedad y bondad.
* Por dentro son lobos rapaces, o sea, en su interior están buscando a quien devorar con su falsedad y engaño.
Si estas son sus características, entonces ¿cuál es la manera de reconocerlos? La respuesta es categórica: Por sus “frutos”.
Esta palabra en su original griego, significa “la expresión visible del poder que obra interna e invisiblemente, siendo el carácter del fruto evidencia del carácter del poder que lo produce” (Diccionario expositivo de palabras del Nuevo Testamento, W. E. Vine).
Lo que da a entender este significado es que si el poder que mueve a un profeta es malo en esencia, entonces su fruto también lo será; esto lo convierte en un falso profeta.
Lo que se debe evaluar en el profeta es su vida en diferentes aspectos, como por ejemplo: personal, matrimonial, familiar, ministerial. Es necesario observar su madurez, su mensaje, su motivación, su objetivo, su interdependencia, su moralidad, su administración del dinero. Estas son las cosas que muestran qué clase de profeta es el que está ministrando.

Otro pasaje muy revelador y que concuerda con la enseñanza de Jesús, es Deuteronomio 13:1-5. Aquí se nos muestra que puede levantarse un profeta, tener palabra o sueño y anunciar señal o prodigios, los cuales se pueden cumplir.
Dada tal situación, podríamos juzgar que se trata de un verdadero profeta. Pero la evaluación no debe estar hecha por el cumplimiento o no de una palabra, sino por lo que produce la ministración del profeta en la vida del pueblo.
En este caso, el profeta está inclinando el corazón del pueblo hacia dioses ajenos, cuando su verdadero propósito siempre debiera ser exaltar a Jesucristo y darle toda la gloria a Dios.
Es muy importante observar que Dios permite la intervención del falso profeta, porque tiene un objetivo: “Probar a su pueblo”. Es incorrecta la inclinación del corazón del ser humano, en cuanto a saber exclusivamente acerca de su futuro. Más bien, debe estar dispuesto a recibir toda la ministración de un profeta, porque el Señor siempre quiere bendecir a sus hijos.
En Deuteronomio 18:18-22 se puede ver nuevamente que un falso profeta no necesariamente tuvo que haber dado una palabra que no se cumpliera para calificarlo como tal. Más bien, tuvo que guiar al pueblo hacia dioses falsos.
Aún puede ocurrir que un profeta hable en nombre del Señor, pero que la palabra profética no se cumpla, debido a que el Señor nunca habló tal palabra. Entonces ese profeta habló con “presunción” (arrogancia, soberbia), sin ser necesariamente un falso profeta.
Para cerrar este tema tan crucial, es oportuno analizar 1ª Juan 4:1 que dice: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo”.
Se necesita una actitud madura del pueblo de Dios para poder probar los espíritus que impulsan a los profetas, ya sea verdaderos o falsos, a actuar.
La palabra probar tiene que ver con: Saber distinguir, someter a prueba, comprobar, examinar. Por lo tanto, los creyentes llenos del Espíritu Santo pueden distinguir qué clase de espíritu es el que dirige a un profeta.
La finalidad de toda esta enseñanza es que podamos evaluar a un profeta como verdadero o falso, no por lo que “habla” sino por lo que “es”.


Tipos de Apóstoles y Profetas en el Antiguo Testamento

En el Antiguo Testamento hay varias referencias tipológicas de las funciones apostólicas y proféticaque nos podrían ser de ejemplo. Analizaremos sólo una, para entender el trabajo conjunto de estos ministerios y de cómo ambos han sido llamados por Dios a poner el fundamento de la iglesia.
En Zacarías 4:1-9 vemos al profeta recibiendo una revelación del Señor para la vida de Zorobabel. Como profeta, Zacarías debió animar a Zorobabel, mostrándole los planes y propósitos que el Señor tenía para su vida: Reconstruir la casa de Dios. Zorobabel debería comenzar echando los cimientos, lo cual representa una clara tarea apostólica. Al igual que resulta para los apóstoles de la actualidad, la tarea no podría ser hecha con el esfuerzo o capacidad personal, sino con el Espíritu de Dios.
En el libro de Esdras capítulo 5, versículos 1 y 2, observamos un complemento del pasaje inicial. Esta vez vemos a Zacarías trabajando conjuntamente con el profeta Hageo, trayendo palabra del Señor a todo el pueblo. Esta palabra activó a los judíos a realizar la tarea de reconstrucción. Pero lo notable es que Zorobabel junto con Jesús o Josué, comenzaron la tarea apostólica de echar los cimientos y una vez que ellos iniciaron, los profetas ayudaron en la misma tarea de reedificación.
Los ministerios apostólicos y proféticos son los iniciadores de profundos cambios en la vida de la iglesia, haciendo que ella tenga bases sólidas, a la vez que pueda reconocer su posición delante del Señor.




El poder de la unión de Apóstoles y Profetas?


Aquello que estaba en el corazón de Dios cuando la iglesia iniciaba, el Espíritu Santo lo está restaurando en estos últimos tiempos. No hay mayor bendición para la iglesia que entender el gobierno teocrático y sujetarse a él. De esta manera, la unión de apóstoles y profetas lleva a la iglesia a una mayor dimensión permitiéndole ser la que, en su conjunto, represente al Señor sobre la tierra.
1ª Corintios 12:28 expresa: “Y a unos puso Dios en la iglesia, PRIMERAMENTE apóstoles, LUEGO profetas,…” Aquí se manifiesta un orden puesto por Dios.
Los apóstoles primeramente y lo profetas en segundo lugar, son los dones ministeriales de más alto rango y jerarquía, y ambos tienen una gran autoridad en el reino espiritual.
La tarea de poner el fundamento referida en Efesios 2:20, conlleva la idea de tener que luchar con el sistema de creencias y pensamientos de los creyentes. Los apóstoles y profetas siempre tienen que desafiar lo previamente establecido por la sociedad, la cultura, la educación, la familia, la religiosidad, la mediocridad, etc.
Con esta autoridad delegada de Dios, los apóstoles y profetas pueden desafiar a todos los cimientos erróneos establecidos por el hombre y las fuerzas demoníacas que los sustentan, para deshacer lo humano y establecer lo divino.
Debido a que son ministerios de fundamento, los apóstoles y profetas necesitan de una unción especial para llevar a la iglesia a un mayor nivel espiritual.
Efesios 3:5 dice: “…misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu…” Es notable ver cómo los apóstoles y los profetas en perfecta unidad traen a la Iglesia una revelación sobrenatural del Espíritu, la cual da a conocer los misterios de Dios con un entendimiento claro a los creyentes de los planes y propósitos del Señor.
Sin esta revelación, la visión de los creyentes sería muy corta y sin la posibilidad de alcanzar la plenitud a la cual el Espíritu desea llevarlos.
Este es el bendito tiempo, en el cual la iglesia se verá siendo desafiada por el Señor a romper con todas las tradiciones de hombres y remontar las alas para volar sobre nuevas alturas espirituales y así ser “la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Efesios 1:23).




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Pr. Armando Pereyra
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