Por el Apóstol Rony Chaves
Hoy por la tarde el Señor trajo una impresión divina a mi espíritu “mayo es el mes de los Reedificadores”, comparte el material que te he dado para tu libro “Los Reedificadores de la Casa de Dios”.
Por cuanto tú eres un “edificador del Reino” te dejo estas enseñanzas que no solo enriquecerán tu vida sino que al compartirlas con otros, le llevarán a un nuevo nivel de conocimiento del “presente mover apostólico y profético”. Solo te pido un favor y compromiso, toma estas hojas y guárdalas en tu carpeta, compártelas a otras de gracia, pero no las uses para sacar dinero de su venta. Te las doy con amor par tu edificación mas no autorizo a nadie a sacar provecho económico de las mismas; te reitero son dadas por gracia, entreguémoslas a otros con la misma gracia que nos son dadas, y ¡disfrútalas!
La oración inicia la Reconstrucción
“Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino, que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad y por Jerusalén.
Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en mal y afrenta, el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego.
Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné delante del Dios de los cielos.”
Nehemías 1:1-4
No hay llamado sin carga
Cada vez que Dios llama a un hombre para que cumpla una misión específica en Su Reino, éste procede de una gran carga por la situación difícil de Su pueblo. En el libro del Éxodo, específicamente en el llamado de Moisés, Jehová le hace ver a este hombre que Él había mirado la aflicción de Su pueblo, por tanto, determinó liberarlos de la esclavitud en Egipto:
“Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores, pues he conocido sus angustias y he descendido para librarlos de mano de los egipcios...”
Éxodo 3:7-8ª.
El ministerio de Moisés, su comisión y envío son el resultado de la carga divina por Israel.
Todo ministerio nace en Dios, él es Quien llama, envía, comisiona y equipa al ungido. Amén.
“El clamor pues de los hijos de Israel ha venido delante de mi, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.”
Éxodo 3:9-10
En el caso de Nehemías, su llamado surge por la carga que Dios tiene por el estado trágico de Su pueblo y de Su ciudad santa, Jerusalén.
Dios imparte esta carga a Nehemías a través de las noticias que sus amigos traen de Jerusalén a las tierras donde él estaba esclavo y era el copero del rey Artajerjes.
Si hay carga y llamado, hay ayuno y oración
La oración implica búsqueda y dependencia de Dios. Esta suelta nuestra necesidad de dirección divina, de socorro y de fortaleza en tiempos diversos. La oración es sinónimo de humillación y reconocimiento de la Divinidad y Majestad de Jehová.
Todo llamado genuino del cielo procede del clamor de alguien, quien es llamado y enviado como respuesta a ese clamor; éste será una persona de oración.
El ayuno es sinónimo de rendición total, postración absoluta y espera en confianza del mover de Dios.
Ayuno, habla de búsqueda espiritual, aflicción y carga por personas y pueblos. Es el reposo confiado en que el Señor resolverá según Su voluntad cada situación planteada.
En el caso señalado, Nehemías ayunó y oró, con dolor y humillación ante Jehová.
“Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos”
Nehemías 1:14
Todo proceso de reconstrucción o restauración entre el pueblo de Dios, lo inicia Dios y se mueve a través de la oración y el ayuno. Amén.
Confesión y arrepentimiento son necesarios en la restauración de la ciudad de Dios
Nehemías, conocedor de la Ley y de su Dios, entendió al oír las malas noticias de Jerusalén, que tal estado solo era posible porque Israel había pecado y transgredido sin temor la Palabra del Señor.
Prosperidad, en la mayoría de los casos, es sinónimo de estar bien con Dios.
Nehemías sabía que mientras el pecado no fuera confesado por Israel, el juicio divino no se detendría en la santa ciudad.
Él apresuró los pasos para clamar por Israel y por Jerusalén.
La oración de perdón identificativo es necesaria para libertar ciudades
Es muy continuo ver a los grandes líderes de Israel en los días del antiguo Testamento, asumir la responsabilidad del pecado de la nación.
El verdadero intercesor no acusa ni juzga; toma el lugar del pecador y de la ciudad transgresora.
Vemos en la Biblia a hombres santos como Moisés, Daniel y el mismo Nehemías orar a Jehová la oración identificativa con el pecado de sus antepasados. Esta oración de confesión de pecados actuales o ancestrales de una nación tiene un efecto positivo e impresionantemente fuerte a favor de la liberación de gentes y territorios bajo miseria económica y espiritual. Aleluya.
“Y dije: Te ruego Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que aman y guardan sus mandamientos; esté atento ahora tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel, tus siervos. Confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti, yo y la casa de mi padre hemos pecado.
En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés, tu siervo.”
Nehemías 1:5-7
Nehemías había identificado bien la causa de la pobreza y aflicción de Judá y Jerusalén; esta era el pecado nacional.
Pero Nehemías sabía que Jehová es misericordioso y perdonador. La humillación, la confesión y el arrepentimiento eran la llave para la restauración de la nación. Por eso se humilló, ayunó, oró y lloró, confesando el pecado de Israel ante Jehová.
La oración de perdón identificativo dio resultado y Dios movió su mano a favor de Nehemías y de la recontrucción de la ciudad.
“Acuérdate de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos, pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre.
Ellos pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con gran poder, y con tu mano poderosa.
Te ruego oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre, concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey.”
Nehemías 1:8-11
Nehemías se humilló ante Dios. Él tuvo una carga por la ciudad y el pueblo de Jerusalén. Pero su mayor anhelo era “reverenciar el nombre de Jehová”
Todo llamado genuino se dirige a servir a Dios entre los hombres, pero la prioridad del ministerio es honrar a Jehová y exaltar Su Santo Nombre. Aleluya.
Nehemías estuvo triste ante el rey Artajerjes, quien discernió su tristeza y después de interrogarle y conocer el por qué de su aflicción le otorgó el permiso para ir a restaurar la ciudad donde se encontraba la casa de Jehová.
“Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego?
Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos y dije al rey : Si le place al rey y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres y la reedificaré.
Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Cuánto durará el viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después de que yo le señalé el tiempo”.
Nehemías 2:3-6
¡La oración inició el proceso de reconstrucción!