Creo que es indispensable que cada creyente tenga metas en la vida, muchas personas simplemente se conforman con existir, caminan porque tienen que caminar, comen porque tienen que comer, pero sus vidas carecen totalmente de propósito, no tienen ninguna dirección; ni saben de donde vienen ni saben a donde van, y vienen a ser como veletas llevadas por cualquier viento de doctrina.
Alguien dijo: El que apunta a la nada, a la nada llegará. Otros están preocupados en lo que hacen para Dios, esto es importante pero el propósito divino va un paso más allá, lo que Dios quiere que nosotros seamos en El. Dios nos dio una gran meta y nos colocó el ideal perfecto: la perfección. “Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.”
Cuando Dios nos dice: Mi voluntad es que tú seas perfecto, como mi Padre que está en los cielos es perfecto, posiblemente creemos que está demasiado lejos para cada uno de nosotros, y que jamás podremos alcanzarla. Yo creo que Dios nunca nos da una meta que nosotros jamas podamos cumplir. El nos colocó ese modelo, alcanzar la perfección al mismo nivel del Padre. Lamentablemente muchos creyentes se han preocupado de cuidarse de aquellas cosas que aparentemente son graves, tales como el adulterio, la fornicación, la embriaguez, los abortos, etc., pero han descuidando aquellas áreas pequeñas en su vida y ahi vienen las palabras que dijo el sabio Salomón: “Las zorras pequeñas echan a perder las viñas”, y muchos creyentes con grandes ministerios y con liderazgos potenciales muy fuertes han caído por pequeñas actitudes, yo las puedo determinar como pequeñas indiscreciones, que entraron en sus propias vidas.
El propósito divino es que nosotros pasemos por el fuego, por el agua, que seamos probados, esto es necesario porque determina la clase de carácter interno que hemos adquirido. Generalmente lo que somos internamente es expresado con nuestras palabras, nuestros pensamientos y con nuestros actos de ahí que el mismo Señor Jesucristo nos dio como el termómetro de como estamos internamente, que varios de los aspectos los encontramos en el mismo sermón de la montaña, por ejemplo, Mateo 5:27-28: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.”
En la antigüedad se castigaba era el acto, el Señor Jesucristo dice que no es el acto el que en sí demuestra el pecado, el Señor habla de la intención del corazón. Hay personas que nunca cometen adulterio, que nunca cometen fornicación, porque no han tenido la oportunidad de hacerlo, pero si tuvieran la oportunidad ya lo habrían cometido, la actitud interna del corazón de ellos está determinando el carácter que ellos tienen.
Muchos creyentes tienen una naturaleza pecaminosa oculta que no la han llevado a la cruz del calvario y no la han querido destruir, por esta razón el Señor nos manda que entremos en esa guerra para quebrantar aquellas actitudes que destruyen nuestro carácter, que están afectando y minando nuestras vidas internas.