La Nueva Era del Espíritu
1 JESÚS FUE EL INICIADOR DE UN NUEVO DÍA.
El ministerio de Jesús no era solo redimir a los hombres del pecado y dejarlos ahí. La redención es la restauración de los hijos caídos para que lleguen a ser conforme a la imagen del Hijo.
El plan original de Dios de tener muchos hijos gloriosos de la misma naturaleza del Primogénito era que estos exhibieran la vida del Padre en todo el universo. Para eso la Sabiduría de Dios ideó un plan maestro que nos traería a la tierra y a la experiencia humana al Unigénito Hijo de Dios para exponerlo ante el mundo y las huestes celestiales como “el resplandor de su gloria (de Dios) y la imagen misma de sus sustancia (de Dios)”, único diseño auténticamente aprobado por Dios
Es por esto que el ministerio de Jesús Hombre se eleva por sobre cualquier otro iluminado o seudo Mesías, antiguo o contemporáneo nuestro; no es solo salvar y rescatar lo que se había perdido; había aún algo de tremenda importancia que debía hacer a favor de los hombres una ves que estos fuesen redimidos, pero esto lo haría después de su muerte y resurrección; esto es, darles de su mismo Espíritu y naturaleza para conectarlos nuevamente con la Fuente de Origen y devolverles el sentido de procedencia que el pecado había arrancado de ellos.
Es así que el ministerio apostólico de nuestro Señor Jesucristo es extraordinario y único; ya que él no solo ministró en la tierra para la salvación de los hombres, sino que aún después de su muerte y resurrección completó su labor redentora en el día de su coronación celestial otorgando a los hijos redimidos (reconocidos en la tierra como Su Iglesia), su unción y manto apostólico derramando sobre ellos el Espíritu Santo.
La exaltación y entronización de Jesús le autorizó para transferirles la comisión que el Padre le diera a Él (como Elías lo hiciera con Eliseo 1ª Reyes 19:15-16; 2ª Reyes 9:1-3), para que ellos completasen la misión, misión que solo una iglesia apostólica puede llevar adelante.
La Expectativa Del Cielo Era La Exaltación Del Hijo.
La Era Apostólica entonces, es el resultado de la exaltación del Hijo a la diestra del Padre.
El día de la coronación de Jesús como la máxima autoridad del universo fue el día más esperado por los habitantes del cielo, La exaltación y glorificación del Señor Jesucristo en el cielo puso en las manos del Hijo exaltado la autoridad de derramar o conceder Su mismo Manto Apostólico (El Espíritu Santo) sobre la Iglesia naciente para varios propósitos trascendentales:
1. Transformar la naturaleza corrupta del pecador redimido, a la misma imagen y semejanza de la naturaleza divina de Dios, impartiéndoles de la suya propia. Hebreos 2.11; Santiago 1.18; 1ª Pedro 1. 22; 2ª Pedro 1.4.
2. Ubicarlos o posicionarlos en la esfera celestial: sentados en lugares celestiales juntamente con Él. Efesios 1.18-20; 2.6
3. Investirles de poder y autoridad, capacitándoles con lo dones espirituales y el poder de Su Presencia habilitadora para ejecutar los designios de Dios en la conquista del mundo para el Reino. Juan 15:26; 16:8; 13-15; Mateo 28:18-20; Hechos 1:8.
Esta habilitación celestial dotaría a la iglesia naciente de una sobrenaturalidad que no se tenía registro hasta entonces, sólo en la divinidad. El Salmo 24.7-10 relata la expectación angelical en el cielo; ellos estaban siendo participantes de la coronación del Señor Jesús y de la fiesta celestial, pero además, ellos serían testigos oculares del evento más significativo en toda la “historia de la eternidad”, ellos presenciarían por primera y única ves el derramamiento, o más bien, el desprendimiento de la misma naturaleza divina y la verían siendo impartida en esos “extraños” seres humanos. Esto era algo que los ángeles no se lo perderían por nada, ellos deseban mirar de cerca como es que Dios se manifestaría para llenarlo todo en todo y como traería nuevamente el universo al orden y plan original. Claro, ellos nunca se imaginaron que sería la iglesia, ese grupito de seres humanos de apariencia repelente e insignificante y con aspecto de poca cosa en quienes el Hijo Exaltado a la diestra del Padre escogería para socorrer y hacerlos los depositarios de su manto, su presencia, su unción y delegarles la extensión de la comisión apostólica. Es que el cielo fue testigo del nacimiento de una nueva clase de vida orgánica espiritual que no existía hasta entonces; era el nacimiento del Nuevo Hombre Celestial a través de la incubación del Espíritu Santo en aquel maravilloso día terrestre de Pentecostés, dando la partida a la Inauguración de la Era Apostólica.
2 EL MINISTERIO APOSTÓLICO DE JESÚS
Al iniciar su ministerio, el libro de Lucas relata que Jesús recurrió a un pasaje muy especial para enseñarnos acerca de las funciones apostólicas al escoger el párrafo de la comisión apostólica del Mesías en el libro de Isaías capítulo 61.
“El Espíritu del Señor esta sobre mí, Porque me ha ungido Dios para…” Lc 4.18-19
· Dar buenas nuevas a los pobres.
· Sanar a los quebrantados de corazón.
· Proclamar libertad a los cautivos
· Vista a los ciegos.
· Poner en libertad a los oprimidos.
· Predicar el año agradable del Señor.
Nadie podía hacer las obras que el Mesías haría, porque nadie podía demostrar el despliegue de autoridad, respaldo y poder que solo el genuino enviado del Padre demostraría. Solo Él sanaría a los enfermos, solo Él desarticularía las estructuras invisibles de opresión sobre los seres humanos, solo Él traería libertad a los cautivos, solo Él proclamaría el mensaje universal del amor y la vuelta al Dios verdadero, Él daría su vida en rescate por muchos, solo Él vencería a Satanás y sus huestes de maldad en la cruz del calvario, Él expondría a principados y potestades a vergüenza pública triunfando sobre ellos en el madero de la maldición.
Ese era el exclusivo ministerio apostólico de Jesús que no concluyó con su sacrificio ya que en el plan de Dios ese ministerio apostólico estaba destinado a continuar bendiciendo a la humanidad y a la creación en general en los siglos venideros extendiéndose a través de cada redimido que formarían la Iglesia, Su Cuerpo, el Hombre Nuevo.
Ese ministerio ampliado a su máxima expresión comenzaría en un “de repente divino” (Hechos 2.2) sobre la base de la exaltación del amado Hijo después de su muerte y resurrección. Ese “de repente” divino quedo registrado en la historia celestial como el día en que el Hijo Primogénito dio la partida a la Nueva Era del Espíritu, esto es, la Inauguración de la Era Apostólica.
La Promesa del Padre
Antes de ascender al cielo Jesús dijo:
“Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra; por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones” Mateo 28.19-19.
Jesús esta a punto de ascender a los cielos y deja una responsabilidad a los Apóstoles; la conquista del mundo para Dios.
· Jesús no dejó una estrategia; nuevos dogmas o tradiciones.
· Él no inició una nueva denominación.
· Jesús no dejó una metodología; lo que les dejó fue "LA PROMESA" de que vendría sobre ellos el mismo Manto, la misma Unción, la misma Presencia que estuvo sobre él en su ministerio y que le había dado poder, unción y autoridad sobre los demonios y enfermedades para ejecutar la tarea que el Padre le encargara.
· Jesús promete a sus discípulos la misma gracia, inspiración, sabiduría habilitadora en la persona del Espíritu.
Él les dio, les dejó, derramó Su Manto o Unción Apostólica. La presencia del Espíritu Santo (Lc. 24.49); (Hch 1.8)
Unción Apostólica o Manto Apostólico es un término que se utiliza para explicar la capacidad legal que tiene uno que es envido por un superior a realizar una tarea o encomienda determinada. La palabra Apóstol o Apostólico viene del griego: apostello o apostollos, en su uso más simple significa: ENVIAR o ENVIADO.
ENVIAR con instrucciones precisas y con el equipamiento necesario.
ENVIADO con los recursos necesarios para cumplir una comisión específica.
Dios es apostólico porque Él es un Dios que envía. Él envió en el A.T. a sacerdotes, jueces, reyes y profetas; a todos ellos los llamó, los ungió, los capacitó y los envió, los apostoló con instrucciones precisas acerca de lo que debían hacer. Por último envió a su Hijo Unigénito y en lo postrero de los tiempos el Hijo nos envió al Espíritu Santo para envolver a la Iglesia con la gracia habilitadora para ejecutar instrucciones exactas y determinadas por el Padre antes de la fundación del mundo.
3 La entronización del Hijo Hebreos 1:3-4; 8:1-2; 9:11; 8:23-25; Filipenses 2:911; Apocalipsis 5:6-14
Se ha hablado bastante de la muerte y resurrección de Cristo, pero el libro de los Hechos capítulo 2.32-36 revela una de las verdades más preciosas y trascendentales de toda la Biblia… la Exaltación y entronización de Jesucristo a la diestra del Padre. En ese acto sucedieron cosas verdaderamente significativas para el desarrollo de la historia de la humanidad presente y del mundo venidero. La Exaltación y Glorificación de Jesús en el cielo y la Inauguración de la Era Apostólica en la tierra.
· Ahora hay uno semejante a nosotros que tomó nuestra naturaleza, imagen y semejanza y que se sentó a la diestra de la majestad en las alturas para mostrarnos cual es nuestro lugar de origen y representarnos en la corte celestial. Hebreos 2.11; 9.24
· Ahora también hay en la tierra uno semejante al Hijo del Hombre que le representa entre los hombres para hacer la obra de Dios, este es el Hombre Nuevo.
· La entronización y glorificación le permitió a Jesús penetrar los cielos y derramar su naturaleza el Espíritu Santo para iniciar el nacimiento del Nuevo Hombre que lo represente a Él en la tierra.
Este es un hecho objetivo, es el acto soberano de Dios declarado en Su palabra. ¿Qué sucedió en el cielo cuando Cristo fue exaltado? Jesús fue coronado Señor, se le coloco la banda de mando, se le dio el cetro de autoridad, se le colocó la corona de Rey y se le dio un nombre que es sobre todo otro nombre. Lo creas o no lo creas, lo sientas o no lo sientas. ¡Es lo que Dios hizo, es lo que la Palabra dice!
· En la entronización y glorificación del Hijo se le dio la investidura de la banda de máxima autoridad del universo, Jesús fue declarado Señor.
· Lo que Pedro señala aquí es que la consecuencia inmediata de la exaltación de Jesús a la diestra del Padre, fue el derramamiento del Espíritu Santo para todo el pueblo de Dios.
· Pedro les dice: “Esto que vosotros veis y oís” 2.33. ¿Qué es lo que el apóstol esta señalando? El esta señalando que lo que se narra en los vs 2 al 6 es la señal visible de la inauguración de la era apostólica y la sobrenaturalidad de la Iglesia.
¿Quien es el que envía el Espíritu Santo? Es Jesucristo. Él es quien inaugura la Era Apostólica. A Él se le concedió esta gracia de enviar al bendito Espíritu. Pedro dice: que exaltado por la diestra de Dios y habiendo recibido la promesa del Espíritu Santo; ha derramado esto que vosotros veis y oís. El dijo: “Yo os enviaré el otro consolador, el cual estará con vosotros para siempre”. ¿Porque no lo hizo Jesús inmediatamente? Porque debía ser exaltado a la diestra del Padre.
Él ha sido glorificado; por lo tanto, el Espíritu Santo se ha derramado.
Pedro esta diciéndole a la gente: Este derramamiento del Espíritu Santo; esta Nueva Era del Espíritu que habéis presenciado con vuestros ojos comprueba una sola cosa; que Jesús de Nazaret a quien crucificasteis, Dios lo ha hecho Señor y Cristo. El Espíritu Santo fue derramado para comprobar lo que había sucedido en el cielo: la exaltación de Jesús a la diestra de Dios.
4. El doble Propósito de Pentecostés
En la historia del pueblo de Dios siempre han habido Ministerios que se han anticipado a su tiempo y han anunciado al pueblo cosas que aun no han sucedido, ellos han explicado los extraños moveres de Dios a su generación a costa de la burla o la persecución de la religión oficial, ellos han sido los iniciadores e impulsores de nuevos tiempos, pioneros del próximo movimiento del Espíritu Santo para las generaciones venideras.
Uno de esos es Pedro el apóstol: el precipitado, el que hablaba primero y pensaba después. Este junto a sus compañeros son el instrumento de Dios para iniciar el Movimiento del Espíritu más gigantesco de toda la historia que la humanidad jamás haya conocido llamado retrospectivamente por nosotros la “Iglesia Apostólica”.
El propósito de Pentecostés entonces es doble, por un lado confirmar en el cielo el señorío de Cristo y por otro habilitar en la tierra a la iglesia con el manto Apostólico. Estos dos hechos trascendentales son los que Inauguran la Era Apostólica.
· En el día de Pentecostés Pedro anunció a la multitud que lo veía la inauguración de una Nueva Era del Espíritu. Fue un apóstol quien abrió la puerta a un nuevo Kairos de Dios para los hombres (toda carne).
· Cuando Jesús derramó el Espíritu Santo después de SU ascensión y exaltación a la diestra del Padre; lo que sucedió en realidad es que fue su manto apostólico, su cobertura apostólica la que cayó literalmente sobre la naciente Iglesia. Aquí es donde se inicia una Nueva Era del Espíritu; es la Era Apostólica que estará vigente hasta que Cristo venga por segunda vez a la tierra.
· En Jerusalén surgió el día de Pentecostés la Iglesia Apostólica. Una iglesia comisionada con instrucciones precisas y habilitada con recursos y potencias para no fallar en su misión.
Esta es la Era de la Iglesia Apostólica.
Pedro anunció: “Porque esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne” (Hch 2.17). Él les esta diciendo: “esto que ustedes ven hoy aquí, es la “señal” del cumplimiento de la promesa que nos hiciera nuestro Señor Jesucristo (Yo os enviaré el otro Consolador; este es el Manto Apostólico sobre la Iglesia). Este manto trae activaciones y potencias celestiales a la iglesia del Señor:
Si Pedro hubiese estado en nuestro tiempo hablando estas cosas lo habría dicho de la siguiente manera:
“Queridos hermanos, yo estoy aquí para revelarles la Palabra y hacerles entender que los tiempos de refrigerio que el Señor nos anunció han llegado; y que todo lo que el diablo le robó a la Casa de Israel, hoy es restituido”. “Hoy comienza el ministerio del Espíritu que nadie podrá detener; hoy, nuestro Señor ha sido coronado Rey y se ha inaugurado la Nueva Era Apostólica, llegado a nosotros el manto apostólico de nuestro Señor Jesucristo”. ¡Hoy se inicia la Era de la Iglesia Apostólica, ungida, sobrenatural y celestial
Conclusión
“Porque a este Jesús resucitó Dios, así que exaltado por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís”. (Hch 2.32-33).
Miremos el versículo 33; es muy especial. Pedro acaba de referirse al derramamiento del Espíritu Santo sobre los discípulos diciéndoles que “lo que veis y oís” aquí en la tierra es la señal visible de lo que ha sucedido en el cielo.
¿Qué es lo que ha sucedido?
“Sepa pues, ciertísimamente toda la casa de Israel que a este Jesús a quién vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo”.
Caminemos pues con confianza por esta senda apostólica. El Señor ha sido glorificado, Él ha sido entronado; a Él se le ha otorgado el cetro de mando, la máxima autoridad a la adiestra del Padre; por lo tanto Él ha enviado el Espíritu Santo a su iglesia para que ésta camine en la unción y poder apostólico de Jesús.
Mensaje
Iván Zamorano V.