“Más valen dos que uno solo, pues tienen mejor remuneración por su trabajo. (10) Porque si uno de ellos cae, el otro levantará a su compañero; pero ¡ay del que cae cuando no hay otro que lo levante! (11) Además, si dos se acuestan juntos se mantienen calientes, pero uno solo ¿cómo se calentará? (12) Y si alguien puede prevalecer contra el que está solo, dos lo resistirán. Un cordel de tres hilos no se rompe fácilmente”.
Eclesiastés 4:9-12
“Y designó a doce, para que estuvieran con El y para enviarlos a predicar,... de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos”.
Marcos 3: 14 y 6: 7
Jesús da dicha instrucción porque el uno le iba a servir al otro y mutuamente se necesitan ayudar. Luego de haber enviado a los doce el Señor Jesús manda a setenta y de igual manera los envía de dos en dos.
“Después de esto, el Señor designó a otros setenta, y los envió de dos en dos delante de El, a toda ciudad y lugar adonde El había de ir”.
Lucas 10: 1
Lo mismo sucede cuando el Señor Jesús da órdenes específicas a sus discípulos; por ejemplo: cuando los envía para que preparen el aposento alto para celebrar la Pascua con ellos y cuando los envía a buscar el asno para entrar a la ciudad. Pareciera ser que Dios nos quiere hablar por medio del número “dos”; El actúa de dos en dos porque cuando nosotros le reconocimos como Señor y Salvador de nuestras vidas entraron dos espíritus en nosotros, el Espíritu Santo y el Espíritu de Cristo, paracletos, que traducido quiere decir el que ayuda.
Dios permite que caminemos juntos con un amigo(a), con nuestra(o) esposa(o), para cubrir nuestras espaldas, para batallar con alguien más y compartir nuestras bendiciones. Por ello es necesario encontrar a alguien con quien uno se pueda identificar en la congregación, alguien con quien uno pueda tener algo en común como por ejemplo metas, anhelos, sueños, etc.
Leemos en la Palabra de Dios que los grandes milagros que acontecieron en la vida de los discípulos, sucedieron porque caminaban de dos en dos.
“Y cierto día Pedro y Juan subían al templo a la hora novena, la de la oración. (2) Y había un hombre, cojo desde su nacimiento, al que llevaban y ponían diariamente a la puerta del templo llamada la Hermosa, para que pidiera limosna a los que entraban al templo. (3) Este, viendo a Pedro y a Juan que iban a entrar al templo, les pedía limosna. (4) Entonces Pedro, junto con Juan, fijando su vista en él, le dijo: ¡Míranos!”
Hechos 3:1-4
“Mas Pablo escogió a Silas y partió, siendo encomendado por los hermanos a la gracia del Señor”.
Hechos 15: 40
“En la iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simón llamado Niger, Lucio de Cirene, Manaén, que se había criado con Herodes el tetrarca, y Saulo. (2) Mientras ministraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado. (3) Entonces, después de ayunar, orar y haber impuesto las manos sobre ellos, los enviaron”.
Hechos 13: 1- 3
Dios deja escrito en Su Palabra estos ejemplos para darnos a conocer a cada uno de sus hijos que nos necesitamos como hermanos mutuamente, que solos en la vida si caemos no habrá quien nos ayude a levantarnos y por ello envía de dos en dos a realizar Su obra, es decir orar por sanidades, por liberaciones, milagros, para predicar la Palabra, etc.
“Además os digo, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será hecho por mi Padre que está en los cielos”.
Mateo 18: 19
Cuando nosotros caminamos de dos en dos nuestro trabajo tiene mayor remuneración, somos fortalecidos en nuestras debilidades, podemos conocer la grandeza de su amor al caminar unidos en el espíritu con alguien más. Nosotros no podemos tener un compañero si antes, no nos hemos puesto de común acuerdo, porque si no hablamos para estar de acuerdo difícilmente podremos caminar acompañados. Según leemos lo siguiente:
“¿Andan dos hombres juntos si no se han puesto de acuerdo?”
Amos 3:3
Nosotros necesitamos buscar a alguien con quien podamos compartir juntos, alguien quien nos apoye porque si uno cayere el otro lo levantará.
“Pero las manos de Moisés se le cansaban. Entonces tomaron una piedra y la pusieron debajo de él, y se sentó en ella; y Aarón y Hur le sostenían las manos, uno de un lado y otro del otro. Así estuvieron sus manos firmes hasta que se puso el sol”.
Exódo 17:12
Uno de los secretos de la vida cristiana consiste en caminar con alguien mas para obtener apoyo y siempre lo encontraremos en Jesucristo y el Espíritu Santo y necesitamos pedirles ayuda con un corazón sincero porque así:
Nuestro trabajo será efectivo y eficiente por cuanto prosperará. Nunca nos quedaremos a mitad del camino porque Dios enviará a alguien que nos ayude a levantarnos cuando nos encontremos cansados o seamos derrotados en una batalla, aclarando que no es la batalla final.
Si bien es cierto que Dios nos creo únicos también creo una ayuda idónea para nosotros. Esto no se refiere únicamente al matrimonio, sino amigos, también compañeros de batalla. Debe existir un hermano que se mueva igual que uno, quien pueda compartir de común acuerdo nuestra visión, anhelos, sueños, metas, procesos similares, batallas, logros por alcanzar, rhemas, ministerio, crecimiento espiritual. En nuestra congregación encontraremos alguien común a nosotros alguien a quien podamos llegar a ser amigos en el Señor.
Se obtienen mayor resultado al batallar con alguien más que solo porque el cordel de tres no se rompe fácilmente. Porque se encuentran unidos entre sí por el Espíritu Santo a Jesús, entonces nada les será difícil de alcanzar y obtener, sencillamente porque están unidos. Si hasta el día de hoy no has compartido con alguien, es tiempo de buscar a esa persona.
Posiblemente has llegado a pensar que no necesitas tener a alguien con quien compartir rhemas y pelear por tus bendiciones así como David tocaba el arpa para el rey Saúl según leemos en 1 Samuel 16: 16- 17. Esta actitud de David significa que al amigo no le importa darse, ni lo que dicen las personas al respecto. Debemos comprender que si Dios nos envía un amigo es para amarlo y hacernos comunes y suplir ambos las necesidades uno del otro, aún cuando hemos sido traicionados debemos dar nuestro corazón y Dios comenzará a guardarlo en la palma de Su mano, porque necesitamos llorar en el hombro de un amigo.
“Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
Mateo 18: 20
Porque siempre habrá un testigo de parte de Dios para que se pueda gozar junto con nosotros por nuestras bendiciones y respuestas a nuestras oraciones.
Por ello debemos orar a Dios por encontrar amigos sinceros, transparentes, leales que nos ayuden y enseñen a darnos a otros, quien ayude a ver nuestras faltas y errores, porque quien encuentra a un amigo encuentra un tesoro; por ello a nuestros amigos debemos cuidarlos y sembrar en ellos amor en el Señor, ser detallistas con ellos, llamarlos, preocuparnos por nuestros amigos no sólo de nuestro bienestar sino también del bienestar de nuestro amigo.
La mayoría de veces tomamos la actitud de que cuando encontramos un amigo; sólo uno de los dos comienza a llamar, sólo uno se dedica a sembrar en dicha relación y por ello la amistad no continúa y se pierde por no ser de doble vía.
Sin embargo hay quienes prefieren y deciden estar solos y no compartir con nadie sus tristezas, sus sufrimientos, victorias, ni sus bendiciones.
Lo importante es que cada uno de nosotros decida buscar un amigo porque es un tesoro en nuestras manos a quien uno puede cuidar y compartir. Aunque algunas veces llegues a pensar que no lo necesitas porque tienes a Jesús como tu mejor amigo y El nunca te fallara ni abandonará.
Pero, es necesario que decidas en tú corazón buscar un amigo porque:
“En todo tiempo ama el amigo, y el hermano nace para tiempo de angustia”.
Proverbios 17: 17
Nunca debemos olvidar que primero necesitamos ser amigos de Jesús quien nos mostrará los secretos escondidos en la Palabra, El puede y quiere conocer la intimidad de nuestro corazón. Porque el Señor Jesús nos habla en Su Palabra:
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo”.
Apocalipsis 3: 20
Después de nosotros conocer a Jesús, El mismo se encargará de enviar amigos a nuestra vida quienes no nos lastimarán ni sembrarán cizaña en nuestros corazones, porque:
“El hombre que tiene amigos, ha de mostrarse amigo: Y amigo hay más conjunto que el hermano”.
Proverbios 18:24 RVA
Un amigo ayudará a cada uno de los hijos de Dios a recibir y compartir las bendiciones. Pero es importante buscar y encontrar a alguien con quien compartir. Por ello necesitamos preparar nuestros corazones para que alguien más pueda extendernos la mano en el momento de prueba y que nos ayude a levantarnos en el momento de dificultad.
No olvides que Jesús es tu mejor amigo y debes buscarlo en todo momento y en todo tiempo y que El nunca te dejará ni abandonará.