Lunes, 11 de junio de 2007
Estoy Seguro que muchos de ustedes vieron la pel?cula La Misi?n que protagonizan Jeremy Iron y Robert De Niro. Trata sobre la colonizaci?n de espa?oles y portugueses en la amplia zona que ocupaban los indios guaran?es, entre Brasil y Paraguay. Fue una ?poca: persegu?an a los abor?genes y los vend?an como esclavos. Para sus captores estas nobles e indefensas criaturas no eran seres humanos sino animales. ?Iron?as del mundo civilizado!. Este filme tiene una escena sumamente conmovedora cuando uno de los esclavistas, el capit?n Mendoza, da muerte a su hermano en un duelo. De esa manera tom? represalias tras descubrir que su prometida lo amaba a ?l. A partir de ese momento se sumi? en una profunda depresi?n. Para autocastigarse, cargaba un pesado fardo con una vieja armadura de hierro. La arrastraba por todas partes, trasladando a ese bulto todo el peso de la culpa por asesinar a su propio hermano. En cierta ocasi?n un sacerdote jesuita le ofrece ir a una zona de misi?n para trabajar en favor de los indios, de la misma tribu que las inocentes victimas a las cuales que Mendoza hab?a sometido y vendido como esclavos. Para el otro capit?n colonizador el ascender la monta?a se convirti? en un verdadero martirio debido a la pesada carga que insist?a en llevar. Ca?a, se levantaba y volv?a a caer. El momento culminante se produce cuando un indio guaran? lo ve llegar a la cima en esas penosas condiciones. Entonces toma un cuchillo y lo libera, cortando los lazos que ataban a Mendoza al fardo. Lo hizo sin ?nimo de vengarse, con amor...Y Mendoza fue libre al fin... Cristianos que contin?an esclavos Sorprende el n?mero de cristianos que permanecen atados por los lazos de la culpa. Abort? cuando era adolescente, Por mi irresponsabilidad ech? a perder el matrimonio, Rob? en la empresa donde laboraba... La lista podr?a hacerse interminable. Hombres y mujeres que, pese a que Dios les perdon? por la obra de su Hijo en la cruz, siguen autoflagel?ndose por errores cometidos a?os atr?s. Imagine por un instante a un hombre que llega al servicio dominical en la iglesia. Deja junto a la silla una enorme piedra, es decir, el sentimiento de culpabilidad que le acompa?a. Se goza con la alabanza y siente c?mo se conmueve su coraz?n durante el serm?n. Concluido el culto, todos regresan a casa sonrientes, edificados espiritualmente. Sin embargo el amigo de nuestra historia toma de nuevo la pesada carga y sale lentamente. ?Es libre?...No, sigue atado por la culpa... Consecuencias Quien vive presa de la culpa, a pesar de que nuestro Se?or Jesucristo le abre las puertas para que rompa las cadenas, sufre las consecuencias que describe magistralmente el Salmo 32: Mientras call?, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el d?a...Se volvi? mi verdor en sequedales de verano(vers?culos 3 y 4).?No hay mejor forma para describir las consecuencias de la culpa en las ?reas f?sica y emocional!, a lo que se suma una falta de sentido para vivir. Todo a nuestro alrededor se torna gris, mon?tono. Pareciera que hasta las flores pierden su encanto y las apreciamos opacas, tal como percibimos el mundo. Un cristiano agobiado por la culpa deja de orar con entusiasmo, no quiere colaborar con las actividades de la iglesia e ir al culto se le convierte en un verdadero martirio. Volvernos a Dios, la respuesta Alguien me escribi?: No quiero orar, siento desgano, ?Tiene alguna sugerencia?. La respuesta fue sencilla, creo que le dej? bastante aturdido: Arrod?llese delante de Dios y desah?guese. Derr?mele todo su coraz?n. No le oculte nada, d?gale c?mo se siente. No se guarde nada, incluso si estuviera molesto. No se guarde absolutamente nada. El rey David lo describi? en estas palabras:Te manifest? mi pecado, y no encubr? mi iniquidad. Dije: Confesar? mis transgresiones al Se?or; y tu perdonaste la culpa de mi pecado(Salmo 32:5 Versi?n La Biblia de Las Am?ricas). La forma como responde Dios es hermosa: El(Dios) volver? a tener misericordia de nosotros; sepultar? nuestras iniquidades, y echar? en lo profundo del mar nuestros pecados(Miqueas 7:19). Surge aqu? un razonamiento sencillo: Si Dios ya nos perdon?, no importa lo que hayamos hecho, no tiene sentido que nos sigamos flagelando con la sensaci?n de culpabilidad. Hace alg?n tiempo un jugador de f?tbol ofendi? y agredi? a su entrenador. Un incidente bochornoso. Los aficionados pensaban que ser?a expulsado del equipo. Minutos antes de una conferencia de prensa con el entrenador, el joven le pidi? perd?n: Exc?seme, me dej? llevar por la ira. Admito que comet? una locura. Una vez en la reuni?n, uno de los periodistas le pregunt?: ?C?mo sancionar? al medio campista que le ofendi??. El ya me pidi? perd?n, as? es que no recuerdo el incidente...Y por lo tanto, no habr? sanci?n, respondi?. Dios ya le perdon?, ahora usted est? obligado a perdonarse a s? mismo. Eso es verdadero amor, tal como lo pide nuestro Se?or. En adelante, cuando lo asalten pensamientos que le confrontan con su pasado. Recuerde e incluso d?galo en voz alta: Dios ya me perdon?, y yo tambi?n...Por tanto, ese mal recuerdo no tiene poder sobre m?. ?Rompa esas cadenas!?Sea libre!.

Publicado por restaurados @ 6:30  | Reflexiones
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